miércoles, 18 de enero de 2017

Dos Chilenos Ejemplo Como Emprendedores

 

María Cecilia Valenzuela y Carlos Labra Jara.


La crisis que vivió Chile en 1973 hizo que los recién casados María Cecilia Valenzuela y Carlos Labra Jara llegaran a aventurar a Ecuador.
Ella tenía 23 y él 28 años cuando empezaron a recorrer Quito, Ambato, Riobamba y Guayaquil. En esta última ciudad no solo se enamoraron del clima, sino también del comercio. Eso los cautivó y decidieron quedarse hace 40 años para montar su negocio de venta de empanadas chilenas Labra que Labra.
Estos chilenos colocaron ayer en su negocio, ubicado en Chimborazo y Vacas Galindo, banderas y globos con los colores de su país por las fiestas de independencia, que se recordaron en medio de un momento doloroso por el terremoto que sacudió la costa de Chile el miércoles pasado y dejó 12 muertos.
Este lamentable acontecimiento hizo recordar a esta pareja el terremoto de magnitud 8,8 de 2010, que les tocó vivir en Chile.
“Estábamos visitando a nuestra familia en Chile, ese fue peor que el de ahora, pensamos que se acababa el mundo. Fue como estar en una licuadora, parecía que todo daba vueltas, él (esposo) estaba en la cama y no se pudo ni levantar, fue terrible”, recuerda con tristeza María Cecilia.
Los movimientos telúricos que suelen ocurrir en Chile y el clima frío fueron otros factores que incidieron para que los Labra decidan migrar y hacer de Guayaquil su nuevo hogar.
Recuerdan que cuando llegaron a la urbe se percataron de que no había la venta de empanadas y sin saber prepararlas se lanzaron a venderlas fritas en un quiosco ubicado en Chimborazo y Huancavilca.
En esa esquina, el negocio tenía el nombre de El Cara de Gallo, pero no tuvo mucha acogida y luego de dos meses decidieron cerrarlo. Pero eso no los detuvo para seguir intentando forjar un destino en el puerto.
Carlos empezó a hacer fletes afuera del negocio de su amigo el Che Pérez (+), que vendía materiales de construcción en el centro. María Cecilia, en cambio, empezó a laborar en una granja agrícola como administradora, ya que en su país se graduó de técnica agrónoma. Estuvo cinco años allí.
En ese lugar conoció a un abogado, que después de un tiempo compró un negocio de empanadas. Ella se fue a trabajar con él y aprendió a elaborar la masa de las empanadas.
Con esos conocimientos resurgió la idea de tener un negocio. Así instalaron un quiosco en Chimborazo y Portete, que se llamaba Tierra de Fuego. Luego pasaron a Chimborazo y Cañar. La acogida creció y compraron el local de Chimborazo y Vacas Galindo, donde nació Labra que Labra.
“Cuando llegamos queríamos sobrevivir, pero nunca pensamos que nos iba a ir tan bien. El secreto es confiar en Dios y trabajar”, cuenta esta pareja, que tiene un hijo y dos nietos. (I)
Llegamos a Guayaquil cuando la ciudad estaba rodeada de manglar, estaba La Atarazana, Los Ceibos, la 9 de Octubre, ahora la ciudad es más bonita, moderna”.
Carlos Labra, dueño del negocio

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